Claves para entender el liderazgo laissez-faire en la empresa

Más que un tipo de liderazgo, podríamos decir que el laissez-faire es una filosofía de empresa, en la que los responsables de cada proyecto entregan el poder a los trabajadores. Se trata de una opción cada vez más valorada tanto por los trabajadores como por las propias empresas, que de este modo buscan explotar al máximo las características de sus trabajadores. Si estás pensando en convertirte en un líder orientado al laissez-faire tendrás que conocer a fondo este estilo, además de sus pros y sus contras.

Características del liderazgo laissez faire

Los liderazgos laissez-faire tienen unos líderes liberales que hacen y dejan hacer. El líder adopta un rol pasivo en la relación con sus empleados, que son los que tienen el mando. Los objetivos que se fijen vendrán dados por los propios empleados, que tienen independencia operativa y en la toma de decisiones que afectan a la empresa. Así, el líder no se dedica a juzgar o valorar lo que aportan los empleados, que cuentan con una libertad total, y solo intervendrá en caso de que los trabajadores se lo pidan.

Liderazgo laissez-faire

Roman Samborskyi || Shutterstock

Esto no significa que cunda el caos en la empresa, ya que para que este modelo funcione, previamente el líder debe establecer una serie de normas claras. Su influencia en los éxitos o fracasos de la empresa o del grupo es escasa, ya que toda la responsabilidad recae sobre los trabajadores, que son los que se tienen que ocupar de generar el mejor clima para el trabajo. Puede ejercer cierto papel de mediador u orientador, pero siempre desde un punto de vista neutral y bajo petición de sus subalternos.

Beneficios y riesgos del liderazgo laissez-faire

Sin lugar a dudas, la falta de presión para alcanzar un resultado concreto y la libertad para que los trabajadores puedan desarrollar su trabajo tranquilamente, sin ningún tipo de exigencia, es la gran ventaja que tiene el laissez-faire frente a otros modelos de liderazgo empresarial. El hecho de sentir esta libertad y la responsabilidad de ser dueños de su destino y su trabajo suele hacer que los trabajadores tengan una motivación mayor, lo que se puede traducir en un mayor rendimiento a corto, medio y largo plazo.


Gracias a este modelo, los líderes son capaces de delegar tareas en sus equipos o trabajadores. Así, cada trabajador puede dar lo mejor de sí mismo y explotar al máximo su potencial, lo que permite a la empresa comprobar el talento de cada empleado de cara a una futura promoción empresarial en caso de que aparezcan vacantes. Un último punto a favor de este modelo es que al jugar un rol secundario, la ausencia del líder no se notará cuando este caiga enfermo, se ausente de lugar de trabajo debido a reuniones o vacaciones, etc.

Pero para aplicar correctamente este modelo de liderazgo, hay una serie de aspectos que se deben tener en cuenta, ya que si no lo hacemos la jugada nos saldrá mal. Para que el liderazgo laissez-faire triunfe es imprescindible que los trabajadores cuenten con las capacidades necesarias para cumplir con su trabajo. Si no tienen la formación o experiencia necesaria, fracasará. También es cierto que el liderazgo laissez-faire favorece el trabajo individual de cada empleado, penalizando el trabajo en grupo y afectando a la química de la plantilla.

Al desempeñar un papel secundario, algunos trabajadores pueden tener la sensación de que no hay un verdadero líder, o de que este no se implica en el proyecto del mismo modo que lo hacen ellos. En este caso, es posible que aparezcan conflictos laborales, tanto entre los trabajadores como entre uno de ellos y la figura del líder; y al haber adoptado esta posición tendremos más difícil poner remedio a la situación. También hay que saber dar a los trabajadores la información necesaria para no desviarnos de nuestros objetivos.

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