Las fases de la metodología Design Thinking

Cada vez son más las empresas que apuestan por el design thinking como herramienta que abre las puertas al éxito. Hablamos de una metodología dirigida al fomento de la innovación de forma eficaz y exitosa, que nos ofrece una serie de beneficios en el diseño de soluciones. Aunque nos referimos al Design Thinking como una metodología, hay diversos modos de aplicarla. Todos los enfoques son válidos y están orientados hacia el mismo destino, pero por norma general se habla de las cinco fases del Design Thinking.

¿En qué consiste el Design Thinking?

Pero antes de desmenuzar estas cinco etapas del Design Thinking convendría definir qué es esta metodología. Design Thinking es un método de trabajo que en vez de centrarse en los problemas complejos busca su solución en la acción, facilitando la creación del escenario de futuro perfecto. Se aprovecha la sensibilidad del diseñador y se parte de la lógica, la imaginación, la intuición y el razonamiento sistémico para explorar las posibilidades de lo que podría ser y crear los resultados ideal para beneficiar al usuario.

Dinámicas design thinking

SFIO CRACHO || Shutterstock

Así, los resultados de un proceso de Design Thinking adaptan las necesidades de las personas a aquello que es tecnológicamente viable. Una estrategia de negocio realista nos permitirá convertir cualquier cosa en algo de valor para el cliente, y en consecuencia será una oportunidad de mercado. Para poder completar este proceso es imprescindible observar para identificar las necesidades de los usuarios que no están cubiertas, y a partir de ahí buscar la solución adecuada involucrando a este destinatario final en la medida de lo posible.

Dinámicas de Design Thinking

Ya hemos apuntado que hay diferentes versiones o variantes del Design Thinking, y tanto el enfoque que le de el diseñador como el objetivo final del proyecto tendrán cierta influencia en el resultado final de cada una de las fases. Aún así, las cinco fases que vamos a definir son más o menos similares en todas las versiones. Eso sí, hay variedades de Design Thinking donde el proceso se reduce a tres o cuatro fases, y otras donde nos vamos a seis o siete, fusionando o segmentando fases según sea el caso.


La primera fase consiste en empatizar con el cliente o usuario. Aquí, tenemos que obtener toda la información posible del que será el destinatario final de nuestro producto, hay que recabar todos los datos posibles. Para ello, utilizaremos toda la información procedente tanto de la comunicación verbal como de la no verbal. Esta información nos ofrecerá unos conocimientos que necesitamos en la segunda fase, la definición de necesidades, problemas e ideas: un punto de partida en busca de un planteamiento alternativo y nuevos enfoques que nos aporten un valor.

De ahí pasamos a la tercera fase, la creación de ideas que desafían las suposiciones y acaban siendo soluciones innovadoras. Es el punto de inflexión del proyecto, y puede dar paso a muchas iteraciones. Para convertirlas en realidad tenemos la cuarta fase, la configuración del prototipo. Hay que tener claro que ni es el producto final ni el definitivo, solo un prototipo que nos permite avanzar hacia la solución final.

Con todos los prototipos pasamos a la última fase, el modo prueba con las diferentes soluciones que se han planteado. Hay que hacer tantas pruebas con tantos prototipos como sea necesario antes de dar con la solución final al problema. Es la única forma de conseguir el resultado ideal, ese que nos sirve para cubrir la necesidad de la que hablábamos al principio del proceso y que nos permite aprovechar la oportunidad de mercado. Igual que las fases se pueden fusionar o segmentar, también podemos alterar el orden y retroceder o avanzar durante el proceso hasta dar con la tecla adecuada.

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