Las fases del desarrollo individual

Laura Sánchez

Durante un proceso de Coaching o desarrollo individual se definen unos objetivos que el coachee (participante) desea conseguir. Se trata de aspectos del ámbito personal o profesional que se desean adquirir y que representan verdaderos retos. Para conseguirlos se define un plan de acción para poder hacer realidad las fases de desarrollo. En la mayoría de los casos estos objetivos tienen que ver con la parte más actitudinal de la persona, por lo tanto de un aspecto intangible o soft que difícilmente se puede medir en toda su extensión.
Fases del desarrollo individual

Inclusive el propio participante de un programa de Coaching no tiene en sus manos unas herramientas o recursos para poder ser consciente de su evolución en dicha competencia de forma más o menos empírica y específica. En este caso decimos que son sus sensaciones, y las de los demás, las que le muestran si está andando el camino adecuado, que es en definitiva el que él o ella quería transitar.

A menudo también ocurre que el coachee se siente confuso/a sobre el mismo resultado de su proceso de desarrollo individual, ya que se da cuenta de que no ha avanzado todo lo que esperaba o se encuentra en una fase en la que no quería estar inicialmente.




En estos casos es muy importante tomar conciencia de las fases del propio proceso de desarrollo individual. Al principio existe mucha euforia, ya que el participante ve un mundo de oportunidades futuras y cree que va a conseguir hacer realidad aquello que realmente es importante para é/ella. A su vez, el ciclo del desarrollo o crecimiento nos indica que al principio de todo proceso se avanza muy rápido para posteriormente darse cuenta de que dar un paso más significa un esfuerzo y, a su vez, un coste de oportunidad superior. Imaginémonos una ascensión a una montaña del Himalaya. Al principio empezamos a subir con mucha ilusión, y con movimientos rápidos y ágiles. Si pensamos en los últimos metros, los movimientos son lentos, ya que nos falta aire, nos duelen las piernas, y nos da la sensación que no avanzamos.

En estos casos el coach debe explicar y verbalizar con el coachee que esta situación es normal y que forma parte del proceso. Esto forma parte de la necesidad de “educar”, utilizando el argot del Coaching.

Esto a demás es importante ya que en las fases avanzadas de crecimiento no podemos ser miopes y ningunear la parte de la gran montaña que ya hemos subido y quedarnos sólo con la idea de que ya no nos movemos, y a que nos invada el pensamiento de que no vamos a llegar hasta el final.

Cuando en un proceso de desarrollo personal y profesional nos dé la impresión de que se nos hace difícil avanzar más, seamos justos y respetuosos con los pasos que ya hemos dado y, al tomar conciencia de ello, adquiramos la energía para no abandonar nuestro camino.

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