Cómo aumentar beneficios gracias a una buena estructura de costes

Paula García

A la hora de impulsar nuestro negocio hay muchos aspectos en los que debemos fijarnos. Uno de ellos es la estructura de costes que tenemos. Con una buena estructura de costes, que esté ajustada, puedes aumentar considerablemente los beneficios de tu negocio; pero si no prestas atención a esta cuestión estarás dejando pasar importantes sumas de dinero por el mero hecho de no ajustar bien tu estructura de costes. Y una de las claves para acertar con la estructura de costes es contar con la ayuda de un asesor que nos guíe en este proceso.

Qué es la estructura de costes

Pero para poder ajustarla, primero conviene saber qué es exactamente la estructura de costes. Si nos ceñimos al punto de vista estrictamente económico, los costes son la suma de bienes y servicios que se utilizan para llevar a cabo un acto productivo en concreto. Dicho de otra manera, es el dinero que tienes que invertir en bienes y servicios (materias primas, trabajadores, procesos, etc.) dentro del proceso productivo de tu empresa o negocio. Y los distintos tipos de costes suponen la estructura de coste.

Entre los tipos de coste tenemos los externos, procedentes de los gastos fuera de la propia empresa, o los costes de actividad y subactividad, relacionados con la actividad y desocupación productiva respectivamente. También están los costes funcionales: compras, producción, administración, ventas y distribución. Los costes fijos son los que se prolongan en el tiempo, sin variar (sueldos, alquiler de oficinas o fábricas) y los costes variables son los que cambian según las unidades de producción o el tiempo de transformación.


También hay que hablar de costes directos, indirectos y semidirectos. Los costes directos son los que están directamente relacionados con el centro o producto (mano de obra, materias primas, etc.), mientras que los costes indirectos se vinculan al tiempo del producto producido pero no se pueden achacar a ningún centro o producto en concreto. Finalmente, los costes semidirectos no se pueden aplicar a los productos, pedidos o a las órdenes de fabricación, pero sí a los centros o funciones.

Ajustar la estructura de costes

Seguro que muchos de estos costes se pueden reducir en mayor o menor medida. Para ello hay que sentarse junto al asesor y plantearse cuestiones como cuáles son los costes más importantes de nuestro modelo de negocio, los recursos clave, las actividades más costosas, el coste de cada método de comercialización, el más eficiente a la hora de llegar a nuestro público potencial, si esa estructura de costes se ajusta a lo que buscamos o si estamos gastando lo justo y necesario para ofrecer nuestro producto o servicio.

Resueltas estas cuestiones, se abren nuevos interrogantes. Por ejemplo, ¿cómo convertir los costes fijos en variables?, ¿cómo podemos reducir costes a través de nuestra red de valor? Estrategias como tejer alianzas, el outsourcing, la búsqueda de nuevos proveedores o el coworking te pueden ayudar a reducir los costes de tu actividad económica, lo que se traducirá en un aumento de los beneficios gracias a esos ajustes en la estructura de costes. Y, como hemos dicho anteriormente, el asesor laboral jugará un papel clave en este sentido.

Por una parte, un buen asesor nos ayudará con todo lo relacionado con impuestos, ayudas o subvenciones a las que podamos acceder; y por otra parte el asesor laboral nos ayudará a reducir gastos y gestionar mejor los recursos con los que contamos para ajustar al máximo esta estructura de costes y minimizar tanto como sea posible las pérdidas ligadas a los procesos de producción y venta, uno de los grandes lastres a los que se enfrenta cualquier emprendedor.

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